Actualmente, el sistema educativo está atravesando una etapa de fuertes y significativos cambios. Las condiciones económicas, sociales, políticas, generan en las instituciones momentos de rupturas y crisis. El valor del conocimiento se acentúa en estas circunstancias como base indiscutida para pensar los cambios, generar nuevas ideas y proyectos, facilitar la apropiación, la comparación, la crítica y la reflexión. Se necesita comprender cuáles son las acciones concretas que se esperan de los docentes, para poder así resignificar la tarea y darle el valor y reconocimiento social ansiado.
Surge como necesidad de construir ese conocimiento, o mejor dicho, una “cultura del conocimiento” en los docentes de una institución. Analizar todas las implicancias que rodean el hecho educativo, incluida la demanda de profesionalización. Si el docente es capaz de comprender que necesita o si se compromete para comenzar a revalorizar su tarea; que requiere de tiempos de aprendizaje, de intercambios, y si los equipos directivos entienden que tienen un papel protagónico en esto de gestionar una escuela que aprenda continuamente, entonces es factible que el camino de la reivindicación comience a transitarse a través de una serie de procesos que ayudarán a transformar positivamente la escuela y a todos los que la habitan.
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